Abr 06

Dependencia tecnológica

Hace 65 años, en los ya lejanos días de 1951, se estrenó el filme “El día que paralizaron la Tierra”. Esta interesante película de ciencia ficción realizada en el contexto de la Guerra Fría, mostraba la llegada de una nave extraterrestre proveniente de una civilización altamente desarrollada, que tenía el poder de anular súbitamente la electricidad y los fenómenos electromagnéticos. En un instantedejaron de funcionar los automóviles, los ferrocarriles y los nuevos aviones, se silenciaron las comunicaciones, las emisoras de radio y la naciente televisión, se detuvieron las industrias, las ciudades quedaron a oscuras. Casi todo lo que en aquel momento se consideraba novedoso se transformó en inservible y el planeta cayó en una “parálisis” casi total.

Más allá de la trama fantasiosa y sensacionalista, el conocido filme lanzó una interrogante de cara al futuro ¿Si desapareciera la tecnología, o si ésta se inutilizara qué pasaría? Hoy, después que la humanidad se ha alejado más de seis décadas de aquel momento, esa interrogante ha tomado una especial significación.

El uso de la tecnología ha proporcionado comodidad a las personas y ha humanizado muchos procesos productivos, simplificando algunas tareas y automatizando otras. El hecho de tener muchas cosas al alcance de un click es muy bueno y cómodo pero también tiene sus riesgos. Depender excesivamente de los  dispositivos puede hacernos perder habilidades y nos hace más vulnerables.

En pocos años la tecnología ha transformado el mundo y hasta la psicología de las personasya parece ser diferente. No son pocos los que se cuestionan la necesidad de estudiar matemáticas por el simple hecho de que tienen una app en el móvil que resuelve casi cualquier cálculo. Vivir rodeado de artefactos cada vez más “inteligentes” puede ser muy cómodo, pero también crea una dependencia peligrosa que puede hacernos perder habilidades y disminuir la capacidad de razonamiento.

Las relaciones humanas tampoco escapan a esa carrera hacia la total digitalización de la vida.  Pero, cuando las personas no sean capaces de tomar una decisión sin consultar el portátil, cuando el saludo acabe de ser reemplazado por un ”Me Gusta”, cuando los besos y los abrazos sean totalmente sustituidos por emoticones, cuando la gente deje de conversar y sea sólo capaz de chatear con palabras entrecortadas. Cuando todo eso ocurra, ¿qué nos quedará de humanos? Y lo peor, ¿sobreviviríamos a un “apagón” tecnológico?

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