A comerciante honesto, consumidor protegido

Mi padre fue comerciante toda su vida. Desde la temprana edad de siete años tuvo que adentrarse en el complejo mundo del  comercio para ayudar a su numerosa familia en medio de la difícil situación económica en la década de 1930. Al triunfo de la Revolución ya tenía una pequeña bodega de barrio que era el sustento de toda la familia y también lo que le permitió conocer el oficio al que se dedicó hasta su jubilación en 1991; bodeguero.

La casualidad quiso que la bodega de mi barrio actualmente sea la misma que tenía mi padre en los años 50’. Por eso, cada vez que visito ese lugar me resulta inevitable recordar sus palabras, que sin el refinamiento de la academia, encierran los conceptos básicos y los principios éticos del buen comerciante.

El viejo decía que lo primero era hacerse de una buena clientela, pero para eso había que ganarse la confianza de la gente. Que al cliente había que enamorarlo como si fuera una muchacha y tratarlo bien, porque ese cliente trae en su bolsillo el dinero con el que vas a comer mañana.

Mientras más clientes mejor. Él prefería tener cuatro clientes de a medio, que uno de 20 centavos. “Si más personas vienen es más probable que alguien compre algo, cada persona tiene sus gustos y necesidades propias por lo que es preferible varios que compren poco a uno que compre mucho.”

Precios competitivos, no prohibitivos. Llegar a todas las necesidades y a todos los bolsillos. “Si vendes muy caro serán menos los que te compren y más los que te critican, si vendes muy barato no ganas lo suficiente”. Hay que buscar un punto intermedio y eso lleva sabiduría y tacto en el oficio. Subir los precios te hace exclusivo, pero ser exclusivo también tiene un precio y reglas que cumplir.

Vender bueno y ser honesto. Para que alguien  le compre sus productos, estos deben tener calidad. El comercio no puede estar basado en el engaño, vender productos en mal estado o de dudosa calidad hará que los clientes se alejen y hagan propaganda negativa. Cuando el producto pierde calidad vale menos, por lo que hay que bajarle el precio, preferiblemente antes que los clientes lo reclamen. Dar de menos en el peso pactado es, aparte de un delito, una conducta indigna y repudiable.

La ganancia o el cliente ¿Cuál es más importante? Mi padre decía que hubo  momentos en que tuvo que vender al costo, pero no podía darse  el lujo de perder un cliente. “No le gané hoy y a lo mejor le gano mañana, pero si lo pierdo, ni hoy ni mañana”. Esa era una de sus frases.

Valores humanos; la principal mercancía. Ser respetuoso, amable y servicial con las personas (o los clientes). La honradez con el que compra, con el que da dinero de más sin percatarse, con el que se le queda una cartera u otra pertenencia, con los impedidos físicos. La educación y la calidad humana de quienes ofrecen un servicio suelen ser la mercancía más valiosa y el principal valor agregado en todo centro comercial que se respete.

El tiempo ha pasado, las condiciones y las personas cambiaron, la vida es más compleja. Los valores se deterioraron y muchos los cambiaron por un poco más de dinero, al punto que hay lugares donde la estafa parece ser un servicio más. Pero en las buenas prácticas comerciales se siguen cumpliendo las mismas reglas de siempre. Y lo que se aparta de esos principios básicos no es comercio, es cualquier otra cosa, es el fracaso.

2 comentarios

    • Consumidor en 24 junio, 2018 a las 12:42 pm
    • Responder

    Y tu papa tendria un cuarto grado, ahora el bodeguero es licenciado y tiene el código de ética colgado en la pared y te roba en la pesa, te cambia el arroz, te adultera productos, le echa agua a la leche y un millón de trampas que ni te imaginas

    1. Te fuiste por arriba, tercer grado tenia el viejo, pero la ética y la verguenza existían más bundante, ahora escasea.

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