Civilización y Patrimonio

Las edificaciones son parte de nuestra historia, junto a ellas crecimos, vivimos, en muchas nos divertimos, en otras aprendimos y otras simplemente son parte de nuestro entorno. Son un elemento esencial de nuestras vivencias.

Pero más allá de lo personal, en cada ciudad y en cada pueblo, por pequeño que éste sea hay edificaciones que los distinguen, que son emblemáticas de ese lugar. Bien sea por su utilidad, por su función social, por los acontecimientos que en ellas ocurrieron, por las personalidades que en ellas vivieron o las visitaron o por cualquier otra razón. Eso se llama Patrimonio.

Es admirable ver que un edificio de 80 o más años continúa siendo útil (como el templo de la foto) y continúa siendo visitado y admirado. Cerca de ese templo crecí y su imagen está en mis recuerdos de niño, por lo que no puedo evitar contemplarlo cuando paso frente a él y cuando se llena de personas de varias generaciones que hacen allí parte de su vida social.

Sin embargo, no siempre es así. Muchos edificios patrimoniales se han perdido, unos destruidos por fenómenos naturales, incendios y demás. Y otros por el abandono, desidia y mediocridad de quienes debieron velar por su conservación.

La palabra Civilización es enorme y su significado es más enorme aún. No puede ser civilizada una sociedad que permite que su patrimonio se pierda, que su historia se borre, que prefiera cambiar lo emblemático por lo práctico y lo desechable. Una parte importante de la civilización está en la voluntad de conservar las edificaciones que la identifican, pero conservarlas en buen estado, no en ruinas.

París es hoy una ciudad moderna pero no ha demolido sus palacios para construir rascacielos. Alemania tiene sus ciudades con la última tecnología pero conserva miles de castillos y fortalezas medievales, que hoy son hoteles, restaurantes y museos. China conserva su gran muralla. La reconstrucción de Varsovia después de la segunda guerra mundial fue un esfuerzo nacional, en el que se construyeron hasta los talleres para producir los ladrillos con la misma composición y tamaño de 400 años atrás. Reconstruyeron edificios antiguos con una precisión que asombra, en una ciudad en la que no quedaba prácticamente nada.  Eso también tiene otro nombre, se llama amor por lo nacional y se llama Patriotismo.

2 comentarios

    • dalgis on 10 diciembre, 2018 at 7:31 am
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    Cuando leí este artículo me sentí identificada porque siempre dije que si alguien no se sensibilizaba con mi ciudad MANZANILLO esta se caería hecha pedazos.Muchos de los edificios patrimoniales se han caído y los que no,,es realmente triste.Felizmente la Glorieta ,que es lo que nos identifica, si está bien conservada.El museo La Demajagua fue restaurado está realmente hermoso.Parece que alguien se esta dando cuenta de la necesidad de cuidar nuestras raíces.Gracias como siempre muy certero en tus artículos.

    1. Hola Dalgis. Eso se llama amor por lo propio. Ahora está de moda decirle “Sentido de pertenencia”, que no me gusta la frasesita. La verdad es que en muchas de nuestras ciudades se ha perdido el cuidado de las edificaciones y las calles. Es lamentable eso. Se atienden algunos muy puntuales, como me dices de La Demajagua, pero hay muchos que se dejan abandonados al deterioro, con el conocido pretexto de que no hay esto o no hay aquello. Hay lugares en Cuba donde eso no pasa, le digo la extraordinaria labor que ha hecho Eusebio Leal en La Habana Vieja, le digo también en Santiago de Cuba, donde se le ha dado nueva vida a construcciones antiguas y eso le da valor a la ciudad. Entonces SI ES POSIBLE hacerlo. Lo que pasa es que da trabajo. Pienso que en nuestro diccionario se borraron dos palabras: “Mantenimiento” y “Sistematicidad”. Las cosas se hacen y se dejan hasta que se gasten y se destruyan, no hay cultura del mantenimiento, como sí la hay en otros lugares del mundo.

      Un Saludo.

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