¿Es inalcanzable la felicidad?

La felicidad es como el horizonte, siempre inalcanzable. Es una meta, un objetivo que todos perseguimos durante la vida. Cada individuo tiene su propia visión de la felicidad, su propio esquema de lo que considera ser o estar feliz.

Sin embargo, la ciencia demuestra que lo que conocemos como “felicidad” no pasa de ser una idea, una construcción mental que hacemos sobre lo que sería para nosotros la plena satisfacción de todas nuestras carencias materiales y espirituales. Un estado de las cosas y los sentimientos que concebimos desde la perspectiva de nuestro estado actual.

El profesor Rafael Euba, es epecialista y profesor de psiquiatría en el King’s College London. Está afiliado al Oxleas NHS FT y al London Psychiatry Centre. Este señor, toda una autoridad en la materia, ha publicado recientemente un interesante artículo al respecto que nos muestra desde una base científica algunas razones de por qué la felicidad es un estado mental inalcanzable, o al menos inestable.

“Los humanos no están diseñados para ser felices o incluso estar contentos. En cambio, estamos diseñados primordialmente para sobrevivir y reproducirnos, como cualquier otra criatura en el mundo natural. La naturaleza desalienta el estado de satisfacción porque bajaría la guardia contra posibles amenazas a nuestra supervivencia.”

“El hecho de que la evolución haya priorizado el desarrollo de un lóbulo frontal grande en nuestro cerebro (lo cual nos da capacidades analíticas y ejecutivas excelentes) por sobre la capacidad natural de ser felices, nos dice mucho sobre las prioridades de la naturaleza.”

“Distintas ubicaciones geográficas y circuitos en el cerebro están asociados con ciertas funciones neurológicas e intelectuales, pero la felicidad, al ser una mera construcción sin base neurológica, no se encuentra en el tejido del cerebro. ”

“La felicidad es una construcción humana, una idea abstracta que no tiene equivalente en la experiencia humana. Los afectos positivos y negativos residen en el cerebro, pero la felicidad sostenida al parecer  no tiene una base biológica.”

“De hecho, expertos en este campo argumentan que el fracaso de la naturaleza en desterrar la depresión del proceso evolutivo (a pesar de sus obvias desventajas en términos de supervivencia y reproducción) se debe precisamente al hecho de que la depresión como adaptación juega un rol útil en tiempos de adversidad, ayudando al individuo deprimido a no involucrarse en situaciones riesgosas e imposibles en las que él o ella no pueden ganar.

Los pensamientos depresivos pueden también cumplir la función de resolver problemas en momentos difíciles. ”

“La industria actual de la felicidad tiene parte de sus raíces en códigos de la moral cristiana, muchos de los cuales nos dirán que hay una razón moral por cada momento de infelicidad que podamos experimentar. Dirán, con frecuencia, que se debe a nuestras propias carencias morales, nuestro egoísmo y nuestro materialismo. Abogan por un estado de virtuoso equilibrio psicológico mediante la renuncia, el desapego y el control del deseo.

Pero estas estrategias solo tratan en realidad de encontrar un remedio a nuestra inhabilidad innata de disfrutar de la vida de forma consistente, por eso debemos consolarnos con el conocimiento de que la infelicidad no es nuestra culpa. Es la culpa de nuestro diseño natural. Está en nuestros genes.

Los defensores de un camino moralmente correcto hacia la felicidad también desaprueban el tomar atajos con la ayuda de drogas psicotrópicas.

Los habitantes de la novela de Aldous Huxley “Un mundo feliz” viven perfectamente felices con la ayuda de “soma”, una droga que los mantiene dóciles y contentos. En su novela, Huxley da a entender que un ser humano libre debe inevitablemente sentirse atormentado por emociones difíciles.

Pero el “soma” no existe, por tanto el problema no es que el acceso a la satisfacción confiable y constante por medios químicos sea ilegal, sino que es imposible.

Las sustancias químicas alteran la mente (lo cual a veces puede ser bueno), pero como la felicidad no está vinculada a un patrón de función cerebral en particular, no podemos replicarlo químicamente.

Nuestras emociones son mixtas e impuras, desordenadas, enredadas y, a veces, contradictorias. Investigaciones han mostrado que las emociones y afectos positivos y negativos pueden coexistir en el cerebro y ser relativamente independientes el uno del otro.

Este modelo muestra que el hemisferio derecho procesa preferencialmente las emociones negativas, mientras que las emociones positivas son procesadas por el lado izquierdo. Cabe recordar que, entonces, no estamos diseñados para ser consistentemente felices. En cambio sí lo estamos para sobrevivir y reproducirnos.

Estas son tareas difíciles, por eso estamos preparados para luchar y esforzarnos, buscar gratificación y seguridad, combatir amenazas y evitar el dolor.

El modelo de emociones en competencia planteado por la coexistencia del placer y el dolor se acomoda a nuestra realidad mucho mejor que la dicha inalcanzable que nos quiere vender la industria de la felicidad. Es más, pretender que cualquier grado de dolor es anormal o patológico solo generará sentimientos de que somos inadecuados y frustración.

Postular que no hay algo tal como la felicidad puede parecer un mensaje puramente negativo, pero el lado positivo, el consuelo, es el conocimiento de que la insatisfacción no es un fracaso personal. Si a veces eres infeliz, esto no es una falta que exige una reparación urgente, como pregonan los gurúes de la felicidad.

Por tanto, según la ciencia, la felicidad no es algo que podamos alcanzar de manera definitiva y constante. Esto refuerza la idea de que el objetivo no es pasarse la vida infeliz por no poder lograr la felicidad plena y total, sino que la verdadera felicidad radica en vivir plenamente cada uno de los momentos agradables que la vida nos regala. No renunciar a sentirse felices aunque sea por un instante. Porque la verdadera felicidad no es un estado definitivo, sino una colección de momentos felices y emociones positivas que hayamos sido capaces de lograr a lo largo de nuestra vida.

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